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Artículos acerca de Europa

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Articles sur l’Europe

Palabras clave: Unión Europea, zona euro, seguridad, Cataluña, migración, terrorismo, Grecia, Brexit, Trump

Keywords: European Union, euro zone, security, Catalonia, migration, terrorism, Greece, Brexit, Trump

Mots clés: Union européenne, zone euro, sécurité, Catalogne, migration, terrorisme, Grèce, Brexit, Trump

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Sidjanski, Dusan (2017). Artículos acerca de Europa. Derecho y Economía de la Integración n. 1, pp. 10-27. https://juri-dileyc.com/articulos-acerca-de-europa/

Note

*Estos artículos fueron publicados, en francés, en la revista Bilan

Traducción: Pablo Cristóbal Molina del Pozo Martín (Agente Contractual en la Comisión Europea, Dirección General de Desarrollo y Cooperación. Licenciado en Derecho. Master en Altos Estudios Europeos y Relaciones Internacionales)

Dusan Sidjanski

Antiguo Consejero especial del Presidente de la Comisión Europea | Fundador del Departamento de Ciencias Políticas en la Universidad de Ginebra | Miembro del Consejo de la Fundación Latsis | Ex Presidente, actualmente Presidente de Honor del Centro Europeo de la Cultura | Miembro del Centro de Competencias Dusan Sidjanski en Estudios Europeos (Global Studies Institute, Universidad de Ginebra)

Prólogo (Prof. Dr. Carlos Molina del Pozo)

A lo largo del último año y medio el Profesor Dusan Sidjanski ha estado repasando los temas de actualidad que han ido surgiendo en el panorama europeo, logrando profundizar con pocas palabras y mucho acierto en los puntos que realmente son relevantes en el debate de actualidad. Con este trabajo hemos aunado toda esa dialéctica constructiva en once artículos inéditos en lengua castellana.

Son varios y muy diversos los temas que se tratarán en las próximas páginas. Siempre, teniendo en cuenta que los artículos fueron redactados hace meses, nosotros aquí los presentamos de forma cronológica a los acontecimientos que fueron sucediéndose.

Así, la mejor forma de comenzar con este trabajo es desde un cuadro general en el que el autor intenta buscar un proyecto europeo que parece se ha ido desvaneciendo con el tiempo. Es directo en su forma pero preciso en los problemas que hacen que Europa no siga la senda prevista. A continuación, expone de forma concisa los aspectos que considera, a nivel político-económico, deben de darse para lograr una Unión política y federal.

En su segundo artículo, establece una serie de afirmaciones apoyándose en datos objetivos de ciertos Estados miembros del Mediterráneo e indicando la importancia de recuperar el núcleo de los países fundadores, finalizando una vez más con una alabanza al futuro federal europeo y al modo de ponerlo en marcha.

En su tercera aportación, teniendo en cuenta que fue redactada pocos días después de las elecciones al Parlamento británico, el Profesor Sidjanski analiza el panorama del Brexit desde una óptica europea, desarrollando los posibles errores y caminos a seguir por Reino Unido. A pesar del buen análisis, con el tiempo hemos visto que la Historia no es siempre lo que parece más lógico y positivo para todos. Es pues, momento de reflexionar y analizar lo que no se ha hecho bien para que en el futuro no suceda de nuevo.

En su cuarto trabajo, suscita un tema de mucha actualidad como es el del diseño de la organización y funcionamiento de la Zona euro, intentando idear, con una serie de líneas maestras, una Zona euro más acorde con lo que se demanda por una gran mayoría de los Estados.

En su quinta contribución, toma relevancia la temática de la seguridad en Europa tras los atentados de Francia. Consolida su argumento de una Europa federal capaz de aunar las necesidades de seguridad y defensa bajo el manto de una moneda común.

El sexto texto, narra cómo ha sido el desarrollo del caso de Cataluña en el marco europeo y de sus últimas elecciones autonómicas. Son varios los elementos que pone sobre la mesa, desde la imposición de instituciones autónomas e independientes al Estado español a la enorme discriminación lingüística dando preferencia al catalán. Deja claro el hecho de que una Cataluña independiente dentro de Europa solo pasa por una aceptación del Estado español, y esa situación es prácticamente una quimera. Sin duda, como dice el autor, estamos muy lejos de una Europa de las regiones.

El séptimo escrito hace referencia a uno de los grandes problemas que ha tenido y tiene a Europa en vilo debido a una mala gestión en el transcurso del tiempo y a una falta de política común migratoria, nos referimos al problema de la inmigración en Europa. El Profesor Sidjanski hace hincapié en las negociaciones de la UE llevadas a cabo con Turquía, que han sacado a la luz el fuerte egoísmo existente en la ciudadanía europea y en la perspectiva manifestada por sus dirigentes. Habría que recordar a muchos, que Europa antes de ser Europa tuvo una guerra, y que esa guerra supuso la salida masiva de europeos como inmigrantes a países terceros.

En octavo lugar, el autor aprecia que, sin duda, la temática que más ha suscitado el interés para la población europea en los últimos tiempos, es la relacionada con la seguridad y el combate contra el Dáesh. O dicho de otro modo, cómo hacer frente a esta nueva amenaza y, si este tipo de provocación terrorista es susceptible de unir a los europeos hacia una visión conjunta y federal, capaz de reducir nuestras diferencias y colaborar de forma más colectiva en la búsqueda e instalación de soluciones.

Las dos aportaciones siguientes también tocan temas de gran relevancia en el panorama europeo y con impacto en la esfera internacional. Y decimos esto porque, la primera trata el gran problema de la crisis griega. Sin duda, el autor realiza una fuerte crítica a la gestión llevada a cabo por los órganos europeos y por la implacable teoría de la austeridad como solución a la salida de la crisis. Hemos de reconocer aquí, el gran valor y generosidad demostrado por los ciudadanos griegos, quienes a pesar de todas las grandes exigencias impuestas, continuaron siempre y en todo momento creyendo en Europa y en su futuro. La segunda, aparece configurada por lo que, para algunos ha sido la crónica de una muerte anunciada y, para otros, un caso utópico que no presentaba demasiado sentido, sin embargo y pese a todas las encuestas y opiniones de última hora, el Brexit llegó y se hizo real. El Profesor Sidjanski manifestaba, antes del referendo, sus pensamientos sobre lo que podría suceder si Reino Unido abandonaba la UE.

Ahora ya es una realidad, pero no debemos pensar que es el principio del final, sino todo lo contrario, es exactamente el impulso que necesitaba Europa para reflotar y volver a sus orígenes. Es el momento de la recapitulación y del análisis de las experiencias que se han venido acumulando durante estos casi setenta años de funcionamiento de unas ideas y actuaciones que coadyuvaron muy positivamente al crecimiento de la paz y de la seguridad en el territorio comunitario, al tiempo que fueron capaces de instalar y profesar un sistema de economía de mercado, capaz de articular nada menos que un Mercado Interior entre los distintos y diferentes Estados miembros que configuraron una Europa unida en el terreno económico y que pretende ahora convertirse también en un núcleo sólido a nivel político.

Finalmente, en su último artículo relativo a Trump, el Profesor Sidjanski reflexiona sobre la necesidad de crear un núcleo político unificador dentro de la Zona Euro con el fin de fortalecer el impulso vital de la Unión ante la presidencia del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Por todo lo dicho, consideramos que los trabajos inéditos en castellano que aquí tenemos el gran honor de presentar y cuyo autor no es otro que el Profesor Dusan Sidjanski, pueden ser útiles al potencial lector para adentrarse en las ideas de un clásico de la construcción europea, de una persona que vivió ricas experiencias en Europa y que, algunos como el que suscribe esta presentación, tuvimos la enorme suerte de conocerlo hace ya cuatro décadas y de aprender continuamente desde el primer día de sus palabras, de sus escritos, de sus críticas y de sus apasionantes aportaciones y planteamientos sobre el ser y el deber ser de la construcción de la Europa que, en cada instante, nos enseñó, que debía necesariamente montarse en torno a una base y a un fundamento exclusivo y convincente por su sugerente ámbito conceptual: el Federalismo. El autor fue capaz de mostrarnos, ya desde las aulas del Colegio de Europa de Brujas en las que como alumno tuvimos la ocasión de conocerlo y desde entonces de seguirlo en la cumplimentación práctica de sus ideas federalistas, de atraparnos con sus planteamientos teóricos pero, al mismo tiempo, adheridos a la más rabiosa práctica diaria, y en definitiva, de hacernos partícipes del ideario federalista europeo. Se trata de implantar la solución federal para construir una Europa mejor, que esté habilitada para lograr la ansiada Unión Política que todos pretendemos conseguir para insertarla en el futuro inmediato de la Unión Europea.

El renacimiento del futuro próspero europeo comienza a tomar carrerilla por mucho que unos pocos quieran ponerle palos a la rueda. Es el momento de recordar a Jean Monnet y su célebre frase: “Europa se hará en las crisis y será la suma de las soluciones que a esas crisis se den”. El Profesor Sidjanski es, sin duda alguna, uno de los principales artífices en la búsqueda y encuentro de soluciones para la conformación de una Europa unida y federal.

1. La búsqueda de un proyecto europeo perdido

El hombre no vive solo de la economía. Reducido por la crisis a “homo œconomicus”, aspira a convertirse de nuevo en el animal político tal y como lo redescubrimos en Grecia. La Unión Europea ha vivido de proyectos basados en una cultura común y rica en términos de diversidad. El impulso se ha roto por el fracaso de la Comunidad Europea de Defensa (CED) y la Comunidad política en 1954. Menos en la dimensión política, la Unión se ha ido desarrollando a partir de la estrategia de Jean Monnet, es decir, sector por sector. Sin embargo, todos los indicios coinciden en un hecho: este mecanismo de engranaje ha llegado a su límite. La crisis ruso-ucraniana, las ampliaciones sin profundización, las amenazas exteriores y la fragmentación interna, son claros ejemplos de que todos estos factores requieren de una visión global. Raptada por la vorágine de la crisis y cautiva del dogma de la austeridad, la Unión se debilita frente a los movimientos extremistas. La espada de Damocles recae sobre la democracia y el futuro de la Unión.

Al encuentro del principio federativo que excluye toda hegemonía, la Unión ha sufrido el peso de la primera potencia económica que persiste en la ortodoxia y ha impuesto la austeridad en detrimento de la solidaridad. ¿Cómo explicar que Wolfgang Schäuble haya olvidado su proyecto político de 1994 impulsado por un “núcleo duro” dentro de la Unión? ¿Y la sustitución de una visión financiera que carece de atractivo para los ciudadanos y la juventud? ¿Se debe a un instinto de conservación de su dominación? ¿Y qué decir de Francia que no haga valer sus bazas políticas para relanzar un proyecto susceptible de reequilibrar el matrimonio franco-alemán imprimiéndole un potente impulso a la Unión? Es preciso invertir la perspectiva en favor del respeto efectivo de los valores y un enfoque global al servicio de los pueblos y de los ciudadanos europeos. Mi deseo es ver nacer la Federación Europea con la participación de Suiza.

Con todo, naturalmente la Zona euro está llamada a asegurar el papel de núcleo federado en cuanto que la historia no conoce una moneda única sin poder político. Paradójicamente, en su forma actual, esta zona de vanguardia se está quedando rezagada del pilar económico del Tratado de Lisboa y su método federal. Como prioridad, la zona euro está llamada a reestructurarse y a adaptarse a las normas comunitarias. Dotada de un ejecutivo, el núcleo dispondría de competencias en materia de política exterior, de seguridad y de defensa. Éstas serían ejercidas a propuesta del ejecutivo por codecisión del Consejo convertido en Senado europeo y del Parlamento europeo. Según la premonición de Denis de Rougemont, metrópolis y regiones estarían destinadas a un mayor papel en el seno de la Unión. Por consiguiente, un Senado de las Regiones estaría asociado al proceso. Sus reivindicaciones encontrarían, así, su expresión por vía institucional evitando la fragmentación regional.

El método federal regularía las relaciones exteriores de la Unión política, que se beneficiaría de una visión común en lugar de políticas descoordinadas de los Estados miembros. Tanto la falta de visión de conjunto y de cohesión frente a Rusia, como las intervenciones aisladas de Francia han sido las pruebas más representativas. Esta estructura federal permitiría a la Unión política definir su estrategia en los ámbitos de interés común. Lo demuestra la influencia de la Unión Europea en el seno de la OMC debido a su peso en el comercio mundial y al hecho de que hable con una sola voz.

Por encima de todo, este progreso político significaría el retorno de la solidaridad y la salida de la crisis. Como ya lo habían asegurado en repetidas ocasiones los altos mandatarios europeos y la Canciller de Alemania, la Unión política facilitaría el recurso a los eurobonos para financiar las grandes obras de infraestructuras, educación e investigación, así como las PYMES y las empresas emergentes -también llamadas start-up– . El gran Deal europeo al que Suiza podría adherirse prosperaría al mismo tiempo que resucitaría el sueño europeo.

2. El futuro de la UE es asunto de los europeos

Los miembros de la Zona euro se enfrentan a una elección de gran relevancia sobre el futuro de Europa: emprender la senda de una Unión política sin más dilación o resignarse al declive de Europa. Desde la aparición de la unidad monetaria hace unos tres mil años, ninguna moneda ha sobrevivido sin un poder soberano. Esto significa que la estrategia de engranaje sector por sector de Jean Monnet ha alcanzado a su límite máximo. La espiral ascendente se ha invertido debido al impacto de la crisis y de la austeridad. El espectáculo de los cambalaches de carácter financiero contrasta con las esperanzas desarrolladas por la Unión. La confianza depositada en el “núcleo pionero” por los europeos y los Estados que han adoptado el euro como moneda de reserva está socavada.

Las políticas de austeridad han conducido a Grecia y a España al borde del abismo: el desempleo afecta al 26% de la población activa y al 60% de los jóvenes mientras que la deuda y la pobreza aumentan. La austeridad ha facilitado el trabajo a los nacionalismos y a los movimientos populistas, eurófobos, neonazis, reflejando la desesperación de los grupos sociales más sacrificados. ¿Dónde están las promesas sobre desarrollo solidario?

La degradación de la situación en Grecia, la destrucción de su tejido social y económico son una advertencia. Los fantasmas al posible fracaso suscitan incertidumbre y miedo. La quiebra de Grecia provocaría una onda de contagio. El Financial Times recuerda que a pesar de algunos resultados económicos, los inversores están preocupados por los riesgos políticos que España y Portugal, Italia e Irlanda comparten con Grecia.

Los cinco presidentes recomiendan una serie de mejoras de la Unión económica y monetaria (UEM) como las siguientes: las sanciones deben ser equilibradas mediante incentivos, la convergencia de las economías y las reformas estimuladas, el Mecanismo europeo de estabilidad (MEDE) sustituido por un Fondo monetario europeo, pero guardan silencio sobre las instituciones. Ahora bien, paradójicamente, el núcleo de vanguardia opera de forma intergubernamental en una Unión donde el método comunitario, con excepción de la política exterior y de seguridad común, se está generalizando.

El núcleo debe adaptarse al marco del Tratado de Lisboa y más allá. Siguiendo el ejemplo de la Cumbre de la Zona — el Consejo Europeo de los 19, el Consejo, la Comisión y el Parlamento europeo actuaran en su dimensión a 19. La clave consiste en retomar el método comunitario, es decir, la propuesta de la Comisión y la codecisión del Consejo por mayoría cualificada y por mayoría simple en el Parlamento. Así nos aseguraríamos una mayor eficacia, transparencia y control democrático, siendo que la Comisión quedaría como única responsable ante los eurodiputados. En esta configuración, el Tribunal de Justicia encontraría su pleno papel y el BCE sus competencias ampliadas que le permitirían acompañar la política de crecimiento y de pleno empleo. En caso de necesidad, los “pedidos urgentes” podrían ser adoptados y presentados en el plazo previsto al Parlamento. Este primer paso debería ir acompañado por la elaboración de una Unión política federal, desde una perspectiva inversa y global a la de la solidaridad y la confianza.

La Unión política es la única respuesta eficaz a las crisis internas. Permitiría el acceso al recurso de los eurobonos y del New Deal europeo ampliando el plan de Jean-Claude Juncker. Es el momento de iniciar las obras de gran envergadura, a escala europea, de infraestructura y de comunicación, redes de investigación y de innovación, la cultura y la educación. En pocas palabras, dar un fuerte impulso a la Europa de la inteligencia así como a las PYMES y a las empresas emergentes -también llamadas start-ups-, principales creadoras de empleo.

Las amenazas exteriores no se quedan atrás: Ucrania, la exclusión de Rusia, la carrera armamentística, el terrorismo o la delincuencia organizada, y más recientemente el tsunami migratorio. Las federaciones que han tenido éxito se han formado bajo las amenazas como lo demuestra el nacimiento del Estado federal suizo. La supervivencia del euro y de la Unión y la afirmación de su papel en el mundo es el precio a pagar.

3. Cameron frente a Europa, una apuesta de Pascal

Este análisis se inicia por la conclusión: el Reino Unido está condenado a permanecer en la UE, como desea, de hecho, su Primer Ministro. Con su promesa de referéndum sobre la pertenencia a la Unión en caso de victoria electoral, zanja la cuestión recurriendo al pueblo y pone fin a la incertidumbre.

Las elecciones del 7 de mayo de 2015 dieron lugar a dos sorpresas. La victoria de los conservadores que obtuvieron 321 escaños, y el tsunami del SNP que bajo el impulso de Nicola Sturgeon consiguió 56 de los 59 escaños. Los grandes perdedores: los laboristas que solamente lograron 232 escaños, los liberales demócratas, que de 56 se redujeron a 8 escaños, y el UKIP que salvó un diputado logrando reunir un 12,6 % de los votos dispersos. Este cambio radical electoral pone de relieve las profundas divisiones que amenazan la unidad del Reino Unido bajo la presión de los movimientos independentistas. De ahí, la concesión de autonomía fiscal a Escocia, conservando Londres sus poderes soberanos. Una segunda línea de ruptura entre pro- y antieuropeos atraviesa el partido conservador. Los eurófilos laboristas y el SNP contra la eurofobia populista del UKIP.

Esta nueva realidad suscita la nueva estrategia de Cameron. Su primer gesto: se le fue atribuido un lugar de elección a los Tories euroescépticos según el método italiano, que consiste en asimilar a los oponentes para controlarlos mejor. En ese mismo momento, el movimiento de los capitales europeos empezó a buscar el apoyo de París, Berlín y otras en favor de las reformas del Tratado de Lisboa: mayor flexibilidad, menos burocracia, repatriación de determinados poderes en Westminster, control de la inmigración y del “turismo social”. Un verdadero cambio de fondo que, como en todas las negociaciones de reforma, requerirá de varios años. En ese caso ¿cómo debemos interpretar las amenazas del Primer Ministro y de su Ministro de Asuntos Exteriores cuando incitan a votar por la salida en el caso de no obtener las concesiones que piden a los 27 Estados miembros? ¿Están dispuestos a cometer ese acto suicida por su país y que es tan perjudicial para Europa?

Máxime cuando estos testarudos hechos confirman la imbricación del Reino Unido en la economía y en la sociedad europea. Como prueba, algunas cifras que demuestran que la Unión es socio ineludible del Reino Unido. Su cuota en el comercio intracomunitario es del 53 %, mientras que las inversiones directas proceden mayoritariamente de Europa. 4,2 millones de puestos de trabajo están relacionados con las exportaciones hacia la Unión. ¿Va, el Gobierno británico, a tirar de forma alocada todas sus ventajas que ofrece el mercado único, entre ellas la seguridad del comercio y el acceso al rico mercado europeo? Por otra parte, dudo que Cameron esté dispuesto a sacrificar los apoyos del Business o los de la City, siendo que ambos abogan por mantenerse en la Unión. El Presidente del Comité consultivo independiente del Regional Growth Fund me ha asegurado que pondrá, llegado el momento, todo su peso en la balanza. Por lo que se refiere a Escocia, la sombra de un voto a favor de la salida no haría otra cosa que acelerar su camino hacia la independencia, el ejemplo que podría servir de modelo para otras regiones en su petición de mayor autonomía. Europa es un asunto politizado.

A nivel mundial, el cuadro se antoja sombrío. Desde la votación del Parlamento británico contra la intervención en Siria prevista por Francia y EEUU, la relación especial con este último se ha dilatado enormemente. Los interlocutores privilegiados de los estadounidenses son Alemania y Francia, primera potencia económica del conjunto con el aliado político-militar. Solitario, el Reino Unido corre el riesgo de perder su estatuto internacional que comparte con Francia como miembro permanente del Consejo de Seguridad, actual poseedor de la disuasión nuclear, y capaz de intervenir por la paz. En el momento en que se multiplican las amenazas exteriores, parece ser inadecuado que el Gobierno británico menoscabe su economía, la unidad del país y a su influencia en el mundo. De ahí mi apuesta por dos ganadores, la UE y el Reino Unido.

4. ¿Para cuándo el nuevo diseño​ de la zona euro?

La Unión Europea padece una enfermedad infantil desde el fracaso de la Comunidad europea de defensa (CED) en 1954 que supuso en su caída el proyecto de una Comunidad política europea. Sin embargo, hoy más que nunca, la Unión Europea carece de una visión y de una capacidad global que implique un poder político en el momento en que está siendo objeto de graves amenazas y crisis, tanto exteriores como interiores, las cuales ponen de manifiesto las dificultades para hacerlas frente. Me sirve como ejemplo de amenazas exteriores que convergen en la Unión: la crisis ruso-ucraniana, la guerra civil en Siria y las acciones discordantes entre Francia y Alemania y su repercusión sobre la respuesta al Dáesh, al igual que la ola de refugiados y de inmigrantes que se extiende por Europa y la divide. Además, la crisis general provoca diferencias en el seno de la Unión y de la zona euro. Así lo atestiguan los efectos desastrosos de la austeridad impuesta que han contribuido al retorno de los nacionalismos tintados de populismos y extremismos y de eurofobia. Sin olvidar la confianza rota por el escándalo de “Das Auto”.

En este torbellino de amenazas, el caso griego ha provocado una toma de conciencia de los miembros de la zona en cuanto a la necesidad de refundar las estructuras y el funcionamiento del brote vanguardista de la Unión. Si el objetivo de un reparto de la soberanía económica y monetaria en el seno de un sistema federal previsto por Jacques Delors es admitido, urge emprender la primera fase de las reformas institucionales de la zona del euro. Esta iniciativa debería colocar a la zona en una situación más acorde con las normas de la Unión y las instituciones de la zona se inscribirían en el marco del Tratado de Lisboa y funcionarían según la “cooperación reforzada”. El Consejo y el Parlamento Europeo en su composición a 19 decidirían, a propuesta de la Comisión asistida por el BCE, por mayoría cualificada y por mayoría simple, respectivamente. Así, el recurso al método comunitario sustituiría la negociación entre miembros garantizando la conformidad de la zona del euro con el sistema de la Unión.

Algunos ejemplos ilustrarían las líneas generales de las reformas. El término  “Cumbre” de naturaleza interestatal se convertiría en el Consejo Europeo de la Zona euro. Su Presidente sería el mismo que el del Consejo Europeo de la Unión. ¿Hay que recordar que el Presidente Donald Tusk desempeñó un papel decisivo en la reunión de la “Cumbre” junto a François Hollande y Angela Merkel? Grecia ha sido mantenida en el euro evitando el efecto de contagio y el probable final de la irreversibilidad del euro.

El Eurogrupo, rebautizado Consejo de la Zona euro, cambiaría la imagen que proyecta al público y se alinearía con el voto por mayoría cualificada del Consejo de la Unión. También adoptaría su proceso de decisión al del Consejo y se integraría aún más en el sistema de la Unión. Pues paradójicamente, ¡este núcleo pionero funciona todavía de forma intergubernamental! Por ello, es condenado a superar su atraso en la perspectiva de adhesión de los 9 miembros que todavía no han adoptado el euro. Este proceso de inclusión gradual no carece de parentesco con la formación del Estado federal suizo.

En resumen, la zona euro recurrirá al método comunitario inventado por Jean Monnet que le garantizaría más eficacia, solidaridad y legitimidad. De este modo la Unión evitaría su declive iniciado por la gran crisis y la Zona euro podría comprometerse a poner en marcha el proyecto de un “núcleo duro”, presentado en 1994 por Wolfgang Schäuble y Karl Lamers. Su prioridad consistiría en reforzar las instituciones y crear un gobierno europeo dentro del núcleo federal propulsado por la dinámica franco-alemana. Esta innovación implica también el refuerzo de la capacidad de la Unión en materia de política exterior y de seguridad. Hago un llamamiento al autor de este proyecto, el actual ministro de Finanzas, a la Canciller alemana y al Presidente de Francia, para que con su impulso y con el apoyo de otros miembros como Italia y Grecia, conjuntamente, pongan en práctica este proyecto de Unión Política Federal.

5. La seguridad europea, una necesidad urgente

El ataque realizado por el Dáesh ha hecho sufrir en el corazón de Francia y de Europa, resultando ser el signo más claro para reflejar la necesidad de una Unión política europea.

El simple vistazo a las amenazas que se ciernen sobre la Unión, comenzando con el terrorismo, nos recuerda la necesidad de superar la actual Unión económica. La sangrienta advertencia que se ha llevado a cabo exige de una política exterior y de seguridad europea, así como del fortalecimiento de los pilares judicial y policial, y de inteligencia en el marco de una estrategia global. Esta amenaza que tiene como objetivo nuestros valores y nuestra civilización solamente encuentra una respuesta con la creación de una Unión política federal. La supervivencia de Europa está en juego.

Las acciones defendidas por el Presidente Hollande se sitúan a distintos niveles: global, provenientes de las Naciones Unidas, del G20 y de otras organizaciones internacionales; a nivel de las grandes potencias y actores principales, como las multinacionales y las grandes regiones con la Unión Europea, principal objetivo del Dáesh. Los instrumentos previstos por el Tratado de Lisboa permiten ayudar a Francia y exigir el compromiso de los Estados miembros, estando en primer lugar Alemania. De hecho, a petición de Francia, la ayuda de la Unión fue aprobada por unanimidad.

Además, la Unión tiene la facultad de autorizar a uno o varios Estados miembros, así como de formar un núcleo avanzado en materia de seguridad y defensa. Otro instrumento que merece una especial atención es el que prevé el mandato que deberá darse por la Unión con uno o varios Estados miembros. Recurriendo, sin más dilación, a los instrumentos disponibles, se trataría de elaborar en paralelo un marco institucional político dentro de la Unión, asegurando así la duración de la acción común en virtud de la cláusula de la “cooperación reforzada”.

La tragedia vivida por Francia ha llevado al Presidente francés a cambiar de actitud con respecto a Rusia y a proponer una coalición única. Por consiguiente, los Estados Unidos, Francia y Rusia, asumirán su papel en la búsqueda de una solución pacífica en Siria. En esta misma línea, la propuesta del Presidente Putin parece poder reunir a los agentes clave: Acto I, restablecer la paz y el orden en Siria. Acto II, la elección legislativa o mediante referéndum dando la oportunidad al pueblo sirio de pronunciarse sobre la suerte de Assad.

Estas pocas indicaciones ponen de manifiesto la intensa interdependencia entre las acciones emprendidas o previstas, comenzando por impedir el reclutamiento de yihadistas en Europa como terroristas suicidas y erradicando sus redes. Además de los bombardeos, urge cortar las fuentes de financiación del Dáesh cuya exportación del petróleo en Turquía va más allá. Es necesario poner fin a las ayudas de países de la región que practican una política de dos caras de la misma moneda. Se trata de pruebas que demuestran la necesidad de una pluralidad de acciones efectivas apoyadas por la Unión Europea y por los principales actores internacionales.

Mientras tanto, la UE debe dotarse de una Federación europea, de poderes soberanos que superen las capacidades individuales de los Estados miembros.

A este respecto, el enfoque federativo abre perspectivas prometedoras reuniendo los poderes indispensables siempre garantizando la autonomía y la identidad de los Estados miembros y de las regiones. Unidos en una Federación europea, los europeos podrán afrontar el reto que afecta a la supervivencia de la civilización europea basada en el patrimonio de Grecia, de Roma y del cristianismo, que el Dáesh pretende destruir.

Para que nuestra contribución a la civilización mundial continúe, no solo será necesario eliminar el Dáesh y neutralizar las sociedades fundadas en la violencia, sino también reconstruir la comunidad internacional sobre las generaciones jóvenes criadas en el espíritu de paz y solidaridad, en el respeto a los demás y abiertas al diálogo de las culturas.

La necesidad de seguridad experimentada con toda urgencia tras el ataque terrorista de París es también una necesidad que se impone en virtud de la supervivencia del euro. En efecto, la historia no conoce casos de monedas únicas sin un reparto de soberanía y sin una estabilidad asegurada. La moneda es un poder soberano desde siempre. Solo una Federación europea puede garantizar la seguridad de los europeos mediante la puesta en común del poder soberano con un control democrático. Es el próximo desarrollo que será inevitable por el haz de amenazas que, como en la formación de Suiza, requiere de un enfoque decisivo.

6. ¿Tiene Cataluña un futuro en Europa?

Tras las elecciones regionales del 27 de septiembre, el periódico El País concluyó “los independentistas ganan las elecciones, pero pierden el plebiscito”.

Los independentistas obtuvieron 72 escaños en el Parlamento, pero obtuvieron solamente el 47,74% de los votos frente al 50,62%. La mayoría parlamentaria se sostiene con los 62 diputados de Junts Pel Si de Artur Mas y los 10 diputados de la CUP de extrema izquierda, dos formaciones unidas por un objetivo común pero que los separa. A pesar de la confrontación de sus ideologías, llegaron a celebrar un pacto y a crear una gran mayoría destinada a formular una declaración unilateral de independencia en un plazo de 18 meses. Este acuerdo sacrificó al Presidente saliente Artur Mas y lo sustituyó por Carles Puigdemont, a menudo tachado de independentista fanático incondicional por sus detractores.

El Acuerdo es una combinación ingeniosa pero frágil, que allana el camino hacia un “Estado catalán” mediante la creación de estructuras estatales: una seguridad social, un Banco central de Cataluña, un Tesoro público de Cataluña. Seguidos por los núcleos de las fuerzas de seguridad y de una diplomacia autónoma. En suma, un proceso ascendente destinado a crear una situación de hecho que libera a Cataluña de su contribución del 9% de su PNB a España. Un ataque a la redistribución de la riqueza en la Unión a través de la política regional y, en la cual no cabe mencionar la perecuación en Suiza.

El futuro del Estado catalán se oscurece desde el punto de vista de la situación lingüística. Según datos de la Universidad de Laval, el 31,6% son de lengua materna (inicial) catalana y el 55 % de castellano. Pues bien, es sabido que el Gobierno independentista concede prioridad al catalán que corre el riesgo de convertirse en una discriminación.

Además, la crisis no puede excluirse en Cataluña cuyo Presidente subestima la atracción del español, lengua internacional, por comparación con el catalán, lengua regional. ¿Será su actitud contraria al respeto de las lenguas en Europa cuya diversidad constituye una riqueza basada en una cultura común? Sobre esta tesitura lingüística se superpone una mezcla de población de 7,5 millones, de los cuales el 35 % de castellanos viven entre el 60 % de los que proclaman su identidad catalana. Esta estructura de la sociedad regional no presagia nada bueno en el caso de que el Gobierno regional no tuviera en cuenta las reacciones de Madrid y Bruselas, de la que depende el futuro de Cataluña.

Después de que Mariano Rajoy tirase la toalla, el líder de Podemos propuso un Gobierno de izquierdas presidido por Pedro Sánchez, en el cual asumiría la vicepresidencia. La única condición era adoptar el recurso al referéndum sobre la independencia. A su vez, Carles Puigdemont se adaptó para permitir a los 7,5 millones de habitantes adoptar una Constitución y darle una legitimidad popular. En cuanto a Pedro Sánchez, era favorable a una federalización de España, aunque opuesto al referéndum pero abierto a compromisos. La situación es por el momento fluida, sobre todo teniendo en cuenta que las últimas encuestas indican una victoria del PP en caso de nuevas elecciones y una mayoría para que Cataluña permanezca en España.

La Comisión Europea hace un reenvío al caso escocés, estimando que una Cataluña independiente se convertiría en un Estado tercero obligado a solicitar su admisión en la Unión y en la zona del euro. Con una condición agravante que sería la oposición de España, miembro de pleno derecho de la Unión. Esto significa que el Estado catalán debería afrontar una larga negociación para eludir el aislamiento y ser reconocido y admitido en la Unión Europea.

En conclusión, estamos lejos de la Europa de las Regiones de Denis de Rougemont y su proyecto de Senado de las Regiones en el marco de una Federación Europea.

7. Europa a prueba frente a las olas migratorias

Europa está expuesta a una serie de desafíos y amenazas. Ciertamente, en la actualidad, estamos obsesionados, y con razón, con el drama de los inmigrantes. El gesto de Angela Merkel abriendo las puertas de Europa nos ha permitido descubrir el rostro más humano de esta líder que creyó poder actuar en solitario imponiendo su política sin consultar a ninguno de sus socios europeos, olvidando a Francia e Italia. Solamente cuando le superaron los acontecimientos, fue cuando visitó Canossa para presentarse ante Erdogan. Debido a su actuación fuera del mandato europeo, consiguió que a Turquía le fuese atribuida una posición de fuerza en la mesa negociadora: el retorno de los refugiados que invadieron las islas griegas a cambio de beneficios económicos, supresión de los visados y promesas de reapertura de las negociaciones de adhesión, percibida por muchos miembros como una amenaza de invasión de los turcos.

La crisis migratoria ha puesto de relieve las deficiencias de la UE. Su incapacidad de prever y prevenir la invasión de los inmigrantes que se veía venir desde hace ya algún tiempo y que iba dejando pistas en su camino como: la inseguridad tras la caída de Gaddafi y de la Primavera Árabe, las guerras en Oriente Próximo, Siria y Daesh, sin olvidar el eterno conflicto palestino-israelí. La continuación era previsible. Grecia todavía en crisis sufre la invasión de los inmigrantes en sus islas orientales. Como de costumbre, la respuesta de la UE se hizo de rogar. Ha sido solo en el momento culminante de la catástrofe humana, agravada por el cierre de la frontera macedonia y el continuo aumento de los inmigrantes en busca de “El Dorado” alemán, cuando la Unión ha concedido una ayuda de 700 millones de euros a Grecia y, que bajo la dirección de Angela Merkel, llegó a un acuerdo con Turquía: la Unión se comprometía a pagar dos veces la suma de 3 millones de euros, a suprimir los visados para los turcos y a reanudar las negociaciones de adhesión en el capítulo de las disposiciones presupuestarias. “Hemos dado un paso muy importante hacia una solución sostenible” manifestó felizmente la Sra. Merkel. Este primer paso prevé que a partir del lunes 4 de abril los inmigrantes irregulares que desembarquen en Grecia podrán ser enviados a Turquía. Según este sistema, por un sirio devuelto, otro refugiado en dicho país será transportado a Europa. La puesta en práctica de ese pacto aliviará la carga que recae sobre Grecia. La continuación dependerá de la eficacia de la ejecución, la responsabilidad recaerá sobre la Comisión y el Comisario griego responsable de la inmigración, asuntos de interior y ciudadanía.

Todo este trágico espectáculo de una gran potencia económica de 500 millones de habitantes dejará la imagen de su impotencia frente a unos millones de refugiados e inmigrantes. Potenciará aún más el recuerdo de una Unión que olvida las necesidades no cubiertas, siguiendo el ejemplo de la Unión económica que debía acompañar una Unión monetaria, o el de la Agencia Frontex destinada a vigilar las fronteras de Europa. Sin embargo, estos olvidos unidos a la lentitud en la adopción y en la ejecución de decisiones y a las divisiones internas son enfermedades infantiles que sufre la Unión Europea, y que se transmiten en tiempos de crisis.

Así, las apasionadas controversias han ido revelando profundas divisiones entre la Unión de los 15 y los nuevos miembros ex-comunistas: éstos han declarado públicamente que se habían negado a acoger a los refugiados e inmigrantes musulmanes. Además, esos mismos países se han ido destacando adoptando regímenes autoritarios contrarios al Estado de Derecho y a la democracia, así como a los valores fundamentales de la Unión. De ahí, la importancia de formar un núcleo dinámico de Estados miembros que compartan sus poderes soberanos, sus valores democráticos y su futuro común.

8. Europa frente a las amenazas yihadistas

Una amenaza multiforme exige una respuesta global, y más cuando está sostenida por un ejército que dispone de un armamento sofisticado y un mando central controlado por las ambiciones estatales. La Yihad justificada por un islamismo guerrero abusa de toda violencia contra nuestras sociedades vulnerables debido a su complejidad, su apertura y su tolerancia. El sueño imperialista resurge de nuevo tras más de un milenio de sumisión, integrándose en la predicción de André Malraux: ¿Será el siglo XXI el siglo de las religiones? Si es así, ¿cuáles?

El eurodiputado Alain Lamassoure solicitó dos respuestas: la creación de un registro común de los viajeros europeos que permitiera detectar a los yihadistas que van a formarse a Oriente Próximo – el Passenger Name Record (PNR) – aprobado por el Parlamento Europeo en abril, y un “FBI europeo”. Estos dos mecanismos vendrían a completar los instrumentos ya existentes: el sistema Schengen (SIS), la orden de detención europea que fue utilizada por Francia tras los atentados de Bruselas, la Europol y Eurojust compuestos de fiscales, jueces y funcionarios de policía experimentados, con capacidad para formar equipos de investigaciones comunes, como lo fue el equipo franco-belga. Estos instrumentos no han impedido los 63 atentados en Francia, 35 en el Reino Unido y 33 en España entre 2009 y 2013, con el objetivo de París, Copenhague, Bruselas, Londres y Madrid.

Reivindicados por el Dáesh, tales ataques fueron perpetrados por células repartidas en toda la Unión, compuestas de portadores de pasaportes europeos, a menudo educados en Europa. Inspirados y teledirigidos desde Rakka, son ejecutados de forma autónoma por los comandos en los centros urbanos con alta densidad de población. Los recientes ataques y sus preparativos recuerdan su dimensión europea o incluso mundial, con el punto de mira más puesto hacia París, siendo que, Francia es el país que contribuye más activamente en la guerra contra el Dáesh.

La Comisión Europea impuso el control de las plataformas de las monedas virtuales en Internet, la supresión de la exigencia de anonimato para las tarjetas prepago y una mayor eficacia entre las unidades de inteligencia contra los casos como los Papeles de Panamá. Pero ¿cómo gestionar el caso ambivalente de Turquía, que coopera en materia migratoria mediando dinero, al mismo tiempo que hace la guerra a los kurdos y facilita las operaciones de venta de petróleo y de armas? Cuestiones similares se plantean en relación con los países árabes sospechosos de ayudar a los islamistas. Estas observaciones subrayan la contradicción de estas acciones, así como los conflictos de interés, documentados por las grandes empresas de Internet.

En cuanto a la idea de un FBI europeo, ¿no habría que recordar que el poderoso FBI estadounidense no ha sido capaz de evitar el ataque perpetrado el 11 de septiembre de 2001, que es, con mucho, el más grave de la historia del terrorismo con 2973 muertos y 6291 heridos. No es, empero, sensato descartar la idea de una policía federal europea que garantice una mayor seguridad y esperanza.

Si la guerra contra el corazón del terrorismo da resultados, no es suficiente contra la ideología revestida con islamismo difundida en Europa y en África. Es aquí donde interviene la educación adaptada y el diálogo de las culturas. El aprendizaje desde una edad temprana del respeto de las diferentes confesiones y culturas, pero ante todo el respeto hacia las personas que encontramos con matices en la mayoría de religiones y sistemas de valores.

La lucha contra el fanatismo y sus redes de contratación exige también un combate en favor de las ideas y de los proyectos movilizadores en Europa y en la Unión, al encuentro de las corrientes extremistas opuestas a la proclamación de nuestros principios. Las amenazas a la Unión exigen un enfoque global y medidas en el marco de una Unión política única susceptible de solidaridad y plena colaboración bajo el control democrático. ¿Cuántos más muertos harán falta antes de que se haya creado un núcleo político?

9. ¿Grecia, en el filo de la navaja?

Desde el punto de vista de las finanzas, la situación parece prometedora a la vista del acuerdo del Eurogrupo del 24 de mayo. En cambio, si juzgamos la política europea por sus resultados globales, el país heleno se encuentra al borde del precipicio. Desde la gran crisis importada de los Estados Unidos, Grecia sufre la austeridad que ha agravado la crisis financiera y de deuda, empobreciendo el país y aumentando el desempleo, los déficits presupuestarios y la deuda pública. Peor todavía, la austeridad ha destruido el tejido económico y social al tiempo que desestabiliza el sistema político. Esta espiral va acompañada de una moneda única que camina de la mano de una Unión monetaria en un círculo de solidaridad y de soberanía compartida. Mientras que, durante la gran depresión decidimos de otra manera.

El pecado original reside en el Tratado de Maastricht que impuso la ortodoxia financiera y atribuyó la responsabilidad a los Estados miembros, sin prever la solidaridad y las medidas contra la crisis. Peor aún, el Tratado de Lisboa, cuya entrada en vigor coincide con el inicio de la crisis de 2008, respalda la política de sanciones, descuidando la política fiscal y bancaria y las medidas positivas. Irlanda, Portugal y sobre todo Grecia son los más afectados por la crisis. Desde entonces, el eurogrupo recurre exclusivamente a la austeridad que exige en Grecia, en particular, un empobrecimiento de la clase media y que agrava la pobreza de los grupos más vulnerables.

¿Para cuándo el reconocimiento del erróneo camino del continuo aumento de impuestos y recortes de las pensiones adoptadas recientemente una vez más por el Parlamento griego? Además, la afluencia de refugiados y de inmigrantes en Grecia y la lentitud de las ayudas de la Unión han hecho más dramática la situación. ¿Sabías que la ayuda europea de 220 millones concedida a Grecia, siendo más del 60 %, ha tomado la senda del FMI y el BCE? Solo el porcentaje restante del 40 % volvió a las finanzas públicas y a la economía real.

¿Cómo salir de la depresión revitalizando la economía y la sociedad? Sometiéndose a las exigencias de los acreedores, el Gobierno heleno sigue ahogando a la economía y deja de lado el impulso de las inversiones públicas y su deuda de 7 millones que debe a las empresas y a las personas para evitar más quiebras y el aumento del desempleo. Al mismo tiempo, ¿cómo estabilizar y dinamizar la economía y la sociedad, contener la fuga de cerebros y capitales y atraerlos de nuevo? Un esfuerzo combinado entre Grecia y el Eurogrupo como la adquisición por parte del Mecanismo Europeo de Estabilidad de la deuda de 20 millones de euros debidos al FMI y gravados con un 3,5 % de intereses, permitiría su reducción al 1%. En paralelo, 43 proyectos fueron presentados en el marco del Plan Juncker. Por otra parte, las sanciones adoptadas respecto a Rusia han producido el efecto de reducir las exportaciones de Grecia de productos agrícolas hacia Rusia. Se trata de auto sanciones que además dividen la UE y dejan sentir la falta de estrategia común. Grecia no ve la salida sin un apoyo global, sin dimensión social y sin un alivio de la deuda. La prolongación de la austeridad está favoreciendo a los extremos que conducen hacia los regímenes autoritarios, lejos de las promesas de democracia y prosperidad.

A falta de dimensión social y política global de la zona euro, Grecia se hunde en una crisis humanitaria y sanitaria denunciada por la OMS. No obstante, es admirable señalar que los griegos siguen comprometidos con el euro y con la Unión y que, a pesar de la tragedia, ofrecen una acogida generosa a los refugiados.

Lejos de las promesas de paz, democracia y prosperidad, la UE está expuesta a una serie de amenazas internas y externas que exigen de una acción solidaria y un núcleo federal, para garantizar la supervivencia del euro, de la UE y su papel en el mundo. Es urgente relanzar el «núcleo duro» de Wolfgang Schaüble de 1994 con su Unión política que, según la Canciller Merkel, es un requisito previo para los eurobonos y el New Deal para la zona del euro.

10. ¿Reino Unido o desunido?

La campaña del referéndum no es un modelo de democracia. Se anuncia un futuro incierto bajo el liderazgo de Boris Johnson y de Nigel Farage patrón del UKIP. El dúo promete soberanía y libre comercio en un mundo global y prosperidad para los británicos. El líder más “creíble” recorre el país en su “autobús de campaña” rojo con el anuncio “We send the EU £350 million a week, let’s fund our NHS instead”. Sin embargo, estas cifras no tienen en cuenta las reducciones obtenidas por Lady Thatcher y las contribuciones de los fondos agrícolas, la investigación y los Fondos Estructurales de la UE. ¿Desde cuándo una campaña ofrece cifras manipuladas? El momento más álgido se alcanzó cuando Boris Johnson afirmó que el modelo de la Unión sería la Europa de Napoleón o, peor aún, la Europa de Hitler. ¿Se podría imaginar un referéndum para salir o permanecer en la Europa de Napoleón o de Hitler? Esta comparación desacredita al antiguo alumno de Eton y Oxford que alimenta la ambición de ocupar el lugar de su compañero de estudios David Cameron. Pero el asesinato de una joven diputada es mal presagio para la democracia británica.

Algunas previsiones del Tesoro británico, del Banco de Inglaterra y de otros varios institutos de investigación daban del 1 al 3%, o incluso, del 4 o el 5% de reducción del PNB per cápita. La pérdida del acceso directo al mercado único de 500 millones de consumidores, impone en caso de Brexit largas negociaciones. ¿Cuál sería la reacción de los capitales ajenos invertidos en la industria británica y, especialmente, en la industria automovilística, pero sin duda, también en el floreciente sector de los servicios, que se benefician del mayor y más rico mercado del mundo? ¿Asistiremos a transferencias de unidades, a la fuga de cerebros y a muchos europeos que contribuyen a la prosperidad del Reino Unido? ¿Cuál sería el impacto en la City de Londres, y en la red de su alrededor?

El Brexit tendría enormes consecuencias políticas, empezando por los nuevos referendos de independencia de Escocia seguido por el de Irlanda del Norte… Peor todavía, la paz adquirida en esa región mediante la pertenencia a la UE podría verse comprometida por el restablecimiento de las fronteras y el resurgimiento de conflictos. La Gran Bretaña podría convertirse en una pequeña Inglaterra. Su influencia en el mundo se reduciría de forma inapelable. La asociación privilegiada con los Estados Unidos ya debilitada sufriría aún más y el Reino Unido iniciaría una pérdida de su influencia en el mundo.

David Cameron ha advertido a sus conciudadanos: el Brexit es un camino sin retorno. Si un día hubiera retorno, éste sería en condiciones mucho más duras: punto de reducción Thatcher y pertenencia plena a Schengen y al euro. Frente a estos riesgos, me pregunto si la reina de Inglaterra, tanto respetada y escuchada, debe hacer oír su voz para no asistir al desmembramiento del Reino Unido bajo su Reino. Mi última esperanza es que los ingleses conocidos por su pragmatismo no voten por los mitos del pasado sino que elijan el futuro europeo contra el aislamiento soberano.

11. ¿Trump, un choque o un despertar para Europa?

¿Quién en Europa, a excepción de Putin y los populistas, no ha quedado conmocionado por las palabras de Trump a lo largo de su campaña electoral, por sus fragmentos sobre las mujeres, los mexicanos, los ilegales y sus cargas contra las minorías, las crecientes desigualdades entre ricos y pobres, el establishment y los medios de comunicación sordos a las llamadas del pueblo? El libre comercio, la OMC, las multinacionales estadounidenses que se deslocalizan y la OTAN, obsoleta y financiada por América, la globalización y China son los destinatarios de sus ataques. El miedo que siembra se contrapone a su voluntad de devolver la grandeza a América.

Aquello que era imprevisible llegó, provocando un choque en Europa, sacudiendo el confort de la protección americana y provocando el pánico ante lo desconocido. No nos queda más que reconocer un hecho: los votantes han fallado a favor del Presidente que posee la mayoría republicana en el Senado y en la Cámara de Representantes. Desde su primer discurso, se presentó como una persona unificadora de los estadounidenses de todas las razas, opiniones y creencias bajo el signo del sueño americano. Prometió un New Deal para reconstruir las infraestructuras, escuelas y hospitales, y ofrecer a cada estadounidense la oportunidad de explotar su potencial contribuyendo a dar, de nuevo, el impulso vital que necesita la mayor potencia mundial.

La creación de asociaciones sólidas y su actuación en las Naciones Unidas siguen siendo muy poco claras, pero el aislamiento de América se enfrenta a numerosos compromisos. Según el historiador Paul Kennedy, el papel hegemónico de los imperios evoluciona en relación a su fuerza económica. La aparición de nuevas potencias como China contrasta con la tendencia de Estados Unidos a participar menos en el mundo. Es una invitación al sueño de nuestro rumbo en Asia.

Pues bien, ahora más que nunca, la Unión Europa es objeto de amenazas crecientes: divisiones internas bajo la presión de la crisis económica y del empleo, la austeridad que forma el lecho de los nacionalistas, extremistas y populistas. La amenaza de la ola migratoria alimenta las oposiciones soberanistas. El resultado es una política exterior que tiene dificultades para consolidarse. Por ejemplo, su incoherencia frente a Rusia presentada como amenaza en alternancia con el llamamiento a cooperar en Siria. Las iniciativas inconclusas para una defensa europea capaz de proyectarse al exterior en apoyo a las acciones de Francia. Y la amenaza existencial que supone el Estado Islámico y los yihadistas que abordan a nuestra cultura y nuestro estilo de vida. Otros tantos factores de desestabilización en los que la Unión no aporta respuestas parciales.

Un «New Deal» europeo

Estas amenazas convergentes requieren de una estrategia común y poner en común los medios de defensa y seguridad, o bien un enfoque global, es decir, política, incluyendo un “New Deal europeo” para recuperar la solidaridad y relanzar la economía, consolidar el euro y sustituir la hegemonía intergubernamental por el proceso federal. Todo bajo el impulso de un núcleo político para garantizar el control democrático de la cooperación de las fuerzas de seguridad y defensa. La Unión política, dotada de poderes soberanos – es la condición para que Europa asuma su destino. Admitida esta cuestión, ¿cómo proceder a una rápida respuesta a los peligros inmediatos y lo desconocido estadounidense?

La revisión del Tratado de Lisboa exige un plazo de varios años. De ahí, nuestra insistencia sobre el recurso a la «cooperación reforzada» que facilitaría la creación de un núcleo político unificador dentro de la zona del euro con el impulso de Francia, Alemania e Italia. Abierto a los demás miembros, este núcleo de una docena de Estados miembros fortalecería el impulso vital de la Unión protegiéndola de los riesgos y la incertidumbre provocada por la victoria de Trump que requiere del despertar europeo.