EDITORIAL. No pasa una semana sin que noticias alarmantes sobre el estado de la Unión salgan a la luz. Pensábamos que el Brexit iba a ser útil para relanzar el proyecto europeo entre Estados que sí quieren la integración. Sin embargo, los hechos apuntan hacia otra realidad y nos dan una señal peligrosa de que sin un cambio radical – y muy rápido – por parte de los interesados (Instituciones europeas, Estados y los propios ciudadanos), el continente europeo podría experimentar un aterrador regreso al pasado.

La primera noticia que queremos señalar viene de Alemania. Recordamos que hace algún tiempo, los responsables políticos alemanes hablaban en los programas de televisión, invitando a los jóvenes españoles a que trabajen allí. Ahora bien, parece que ha llegado el momento en el que resulta clave establecer entre los alemanes y los demás ciudadanos comunitarios una discriminación para que esos últimos no se puedan aprovechar indebidamente del “Estado de Bienestar” alemán. Hablamos, en este caso, del proyecto de aumentar a cinco años el tiempo de residencia en Alemania para que un parado europeo pueda beneficiarse de ciertos subsidios que si los puede recibir un desempleado alemán. La libre circulación de las personas recibe hoy un nuevo golpe bajo, esta vez de la mano del gobierno más potente de Europa.

Muro de Berlin

«Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal» | Mural pintado por Dmitri Vrúbel sobre los restos del Muro de Berlín

Claramente, los Estados no son los únicos responsables de la situación en la que se encuentra la UE. El miedo a lo desconocido, la desinformación (o mala información) y la incesante corrupción que sacude casi diariamente a toda la clase política tradicional permite a los populistas de toda Europa subir peligrosamente en la esfera política. Esta subida está apoyada, además, por los propios ciudadanos, quienes están cansados de no encontrar soluciones satisfactorias a sus problemas cotidianos. Aunque de ninguna manera los temores hacia un futuro incierto pueden justificar hechos como los sucedidos en Grecia, donde grupos de padres rechazan que sus hijos compartan el mismo centro educativo (aunque en horario distinto) con los niños refugiados.

Todos somos culpables de esta situación tan insoportable como intolerable. No podemos permitir ni que se construyan más muros en Europa ni que se cree un clima de rechazo/odio hacia otros (comunitarios o no). Instituciones europeas, Estados y ciudadanos: ha llegado el momento de actuar a favor de la integración. Queremos una verdadera “unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa” (artículo 1 del TUE).