El apacible verano europeo va transcurriendo al albur de distintos acontecimientos que revisten, también, variados caracteres. Mientras el ciudadano de a pie disfruta, por regla general, de su tiempo de vacaciones, eso sí, habiendo de soportar las inclemencias producidas por altísimas temperaturas durante el día y también en las madrugadas, que en ocasiones, hacen muy complicado poder conciliar el necesario descanso, junto a lluvias torrenciales nada normales durante estas épocas del año por estas latitudes y que reflejan, en su conjunto, los fenómenos ya constatables que suponen la manifestación de lo que, hemos dado en llamar, cambio climático, otros se empeñan en sembrar el pánico y el desconcierto mediante acciones violentas de terrorismo en diferentes ciudades del mundo, atacando los valores occidentales y tratando de destruir con envidia y odio la paz, la libertad y la democracia que, durante tantos años habían supuesto las metas a lograr para nuestra civilización.

En efecto, con base en los hechos paradigmáticos descritos, no parece que la realidad nos ofrezca un verano auténticamente tranquilo y apacible en Europa. Además del rigor de la incidencia observada de los reflejos del cada vez más afianzado cambio climático, el ciudadano europeo está teniendo que hacer frente al impacto, siempre doloroso y trágico, del terrorismo yihadista, el cual está reproduciendo sus actuaciones en distintos puntos geográficos del territorio europeo y, no sólo en éste, sino también fuera del mismo.

No obstante los tristes y luctuosos sucesos acaecidos recientemente en Londres, París, Barcelona y hasta Turku en Finlandia, la Unión Europea ha continuado adelante en su afán por buscar y encontrar soluciones a los diferentes problemas que, tanto interna como externamente, le conciernen y que tienen como punto de destino conseguir, cada vez, un más elevado nivel de integración económica, social y política. Así, podemos señalar algunas de las cuestiones que vienen motivando el trabajo de las instituciones de la Unión, también en el verano exageradamente tórrido, desde el punto de vista climatológico que estamos viviendo.

Dentro del importante asunto de la negociación con Gran Bretaña para su salida de la Unión, su Gobierno plantea un Brexit sin fronteras físicas con Irlanda del Norte, asimismo, ofrece a la negociación en curso, el establecimiento de un sistema aduanero con la Unión Europea que, en su opinión, evitaría un «abismo» tras el Brexit, contemplando una Unión «temporal» de uno o dos años que propiciara una transición suave u ordenada, siendo que, en ese tiempo, Londres pretende poder negociar y concluir sus propios acuerdos comerciales internacionales, algo que, por el momento, no aparece nada claro en el horizonte de los debates.

También se han producido algunos problemas de carácter alimenticio que tuvieron que ver con la detección de partidas de huevos contaminados en, al menos, siete países de la Unión, provenientes de granjas donde su usó «fipronil», un pesticida prohibido en animales que forman parte de la cadena alimenticia.

En el marco de la participación de la Unión en la reunión del G-20, se ha acordado, asimismo, la Declaración sobre Clima y Comercio, reprochándole a Estados Unidos el que haya decidido salir del Acuerdo de París.

Además, se mantiene activa la preparación y diseño definitivo de una verdadera Política común de Inmigración en el contexto de la Unión, que sirva para poner freno a todos los diversos aspectos de la problemática existente actualmente en esta materia. Por dicho motivo, por ejemplo, Italia ha llegado a amenazar con el cierre de la totalidad de sus puertos, algo que entiende necesario para evitar, como ocurriera el pasado año en Grecia, la llegada masiva de inmigrantes a su territorio. El problema, a nuestro juicio, no es de un solo país, sino que afecta por igual a todo el conjunto de países que conforman la Unión Europea y, por tanto, será, precisamente, ahí, en ese marco concreto y amplio, donde es urgente resolverlo, aún en contra de las opiniones de Estados miembros como Hungría, Polonia y República Checa, países todos ellos que se niegan a acoger refugiados y que han de ser sancionados, sencillamente, por un flagrante incumplimiento del Derecho de la Unión Europea.

Finalmente, reseñaremos también, cómo en el ámbito del Derecho Comunitario de la Competencia, la Unión ha llegado a sancionar a la empresa Google con una multa récord que asciende a más de 2400 millones de euros; el motivo no ha sido otro que un nuevo incumplimiento del orden jurídico de la Unión, en concreto, el abuso de su posición dominante en el mercado por parte de la empresa sancionada.

Prof. Dr. Carlos Francisco Molina del Pozo
Director de la Revista DERECHO Y ECONOMÍA DE LA INTEGRACIÓN
Catedrático de Derecho Administrativo
Catedrático Jean Monnet «Ad Personam» de Derecho Comunitario
Universidad de Alcalá (España)
Presidente del Instituto Eurolatinoamericano de Estudios para la Integración (IELEPI)