La profesora Beatriz Eugenia Suárez López es co-autora del libro “Experiencias internacionales de Paz – Lecciones aprendidas para Colombia” (UTADEO).

Resumen del libro: Colombia se enfrenta actualmente a uno de los mayores desafíos de su historia reciente: poner fin a más de cinco décadas de violencia armada. El proceso de paz entre el gobierno nacional y las FARC en La Habana permite vislumbrar una posible salida negociada al conflicto armado, pero genera también varios interrogantes en cuanto al modelo y contenido del posible acuerdo, así como a las diversas exigencias y desafíos de la construcción de paz en un potencial escenario de posconflicto.

BS: El libro se estructura en tres grandes partes. La primera contiene el estado del arte sobre los temas que desarrolla la investigación que son la intervención internacional en los procesos de paz, la justicia transicional y el DDR (nota: Desarme, Desmovilización y Reintegración), esto es, como se llevan a cabo los procesos de desarme, las desmovilizaciones y las reincorporaciones en los procesos de paz.

La segunda parte contiene el estudio de casos. En particular, se escogieron varios casos emblemáticos para extraer algún tipo de experiencia. Vale destacar que no existen procesos de paz parecidos, pues los conflictos son distintos. Pero el objetivo de la investigación en ese aspecto era conocer cómo se habían solucionado en otras experiencias algunos temas genéricos sin profundizar en los detalles.

Los casos analizados fueron, entre otros, el de Sudáfrica, (caso más emblemático donde se ha aplicado la justicia transicional), Filipinas, República Democrática del Congo, Sudán, Nepal, Irlanda del Norte y Centroamérica – que tiene una importancia grandísima para Colombia (especialmente Guatemala y El Salvador). Además, se estudiaron los procesos de paz colombianos anteriores al actual proceso con las FARC que se negocia en La Habana, dentro de estos algunos fallidos con la desmovilización de las AUC (nota: autodefensas unidas de Colombia), y otros exitosos como el del M-19 (nota: antigua guerrilla movimiento 19 de abril).

En cada uno de estos procesos de paz analizamos en primer lugar el contexto, esto es, cómo se había llegado a ese proceso de paz. En segundo lugar, cuál había sido la participación internacional en esa negociación (como había sido el acompañamiento, de qué forma se había dado, si eran países amigos, si eran países acompañantes, si eran las organizaciones internacionales, la ONU, OEA). Y en tercer lugar el tema de la justicia transicional, parte que me correspondió. Se analizaron principalmente varios componentes como lo son la participación en política de los excombatientes, cómo se había solucionado esto en cada uno de los procesos. Otro componente es el de las responsabilidades penales de cara a la intervención de organismos internacionales, cómo se había solucionado ese tema teniendo en cuenta estándares internacionales como los de la Corte Interamericana o de la Corte Penal Internacional. El objetivo era identificar si en esos procesos de paz se habían tenido en cuenta esos estándares para firmar el acuerdo. Otro componente estudiado fue el relativo a las comisiones de la verdad, las amnistías e indultos. Del análisis de cada proceso extraemos algunas lecciones para Colombia – la mayoría fueron negativas – sobre las cosas que no se deben hacer en un proceso de paz. Pero también hubo lecciones positivas.

Por último, la tercera parte contiene lecciones en general en las que apuntamos qué cosas se pueden extraer y qué cosas se pueden mejorar en el proceso de paz colombiano, teniendo en cuenta la información que había sido comunicada por la mesa de negociación en La Habana.

BS: La investigación arrojó que existieron muchas experiencias negativas que fueron consecuencia de la inexperiencia y sobre todo de la falta de voluntad. Nos llamó la atención el caso de la República Democrática del Congo. Si bien existía aparentemente una voluntad de firmar el proceso de paz, ese proceso fue visto por los grupos armados como un vehículo que querían utilizar para poder llegar a la legalidad, para lavar todos sus delitos, todo lo que habían cometido y así poder tener participación en el gobierno. Por ese afán precisamente de hacer las cosas de forma rápida, eso llevó a que al final no existiera ningún tipo de garantías, que no existiera ningún tipo de decisiones o acciones directamente encaminadas a reparación de victimas, a atención de victimas, etc. Eso era absolutamente nulo y eso fue lo que llevo a activar la competencia de la Corte Penal Internacional. De hecho, las dos primeras sanciones pronunciadas por la Corte se dictaron en contra de personas que participaron en el conflicto congoleño, abriendo al mismo tiempo la puerta a la responsabilidad penal. Este caso es aún más relevante tratándose de un país que no era miembro del Estatuto de Roma (por remisión directa del Consejo de seguridad de la ONU). La enseñanza extraída de esa experiencia es que si los Estados o los que están negociando la paz no tienen voluntad real de llegar a una paz seria, existen las instancias internacionales para juzgar los crímenes que se hayan cometido en el marco del conflicto.

BS: De las experiencias exitosas me llamó mucho la atención el caso de Burundi. En todo el proceso de negociación y de discusión hubo una fuerte participación de las mujeres. En ese proceso de paz, existió un tema de género bastante marcado que se extendió a la etapa de posconflicto. Esto nos deja como lección que en el marco de la negociación se deben abrir espacios a diferentes grupos o sectores de la sociedad civil y no cerrarlos solo a la presencia del gobierno y el grupo armado, porque al final el conflicto afecta a todos. El conflicto no es únicamente entre esos dos. La sociedad tiene que tener algún tipo de representación en la negociación.

El caso de Filipinas nos enseña que si bien había un conflicto eminentemente territorial, de participación, de reconocimiento y de autonomía, las discusiones se centraron en ese punto clave. En este caso se decidió que sí había que negociar, pero teniendo en cuenta lo que generó ese conflicto para poder salir adelante. Eso permitió que el resultado de la negociación se reconociera por parte del gobierno mayor autonomía territorial a la contraparte sin reconocer una separación del territorio.

Por último, el caso de Sudáfrica es uno de los principales que analizamos comparativamente con el actual proceso de paz colombiano teniendo en cuenta las diferencias del contexto histórico y de la evolución normativa internacional. De esta experiencia fue muy bueno lo que pasó con la comisión de la verdad. Aunque se otorgaron amnistías, muchas de ellas por participación directa de los combatientes en las comisiones de la verdad. El fin de estas comisiones fue darle acompañamiento a las victimas y que el victimario, si bien no respondió penalmente por sus delitos, si contó realmente lo que pasó. Al final, ese proceso de verdad ayuda a sanar, aunque no automáticamente.

Me llamó mucho la atención, y creo que debería aplicarse para el proceso colombiano, la publicidad de lo que se está haciendo. Por ejemplo, en Sudáfrica las sesiones de las comisiones de la verdad eran televisadas. Gracias a esas comisiones, muchas personas se enteraron de lo que estaba pasando realmente en su país. Muchas veces la sociedad esta cegada porque no entiende la dimensión del conflicto. Esa publicidad permitió, al final, a la sociedad identificarse con el conflicto.

BS: Hay una cosa muy importante que se debe tener en cuenta: un proceso de paz no genera automáticamente paz. Muchas veces la esperanza en el proceso de paz es que el día en que se firme, todo cambie, que todos los problemas se arreglen. Claramente no es así. La firma de un acuerdo de paz es el primer paso para la construcción de la paz. En palabras de Viçent Fisas, se abre una nueva etapa a otro elemento de la construcción de la paz. Primero fue un preacuerdo, de las negociaciones previas, luego la etapa de la construcción del acuerdo y su firma en la que se sientan las partes a negociar y existe una voluntad real, y, por último, la ejecución del acuerdo.

La ejecución del acuerdo es uno de los puntos más difíciles de mantener. En efecto, muchas veces, alguna de las partes pierde el interés que les había motivado a sentarse en la mesa. Mientras negociaban trataban de encontrar algún tipo de beneficio que podían obtener. En ese momento, la participación de todos era muy activa. Pero cuando viene el momento de ejecutarlo, de asumir ciertas responsabilidades, suele decaer la voluntad.

Los colombianos debemos entender que tenemos un conflicto de un grado de complejidad muy grande porque existen muchos actores armados. No solamente tenemos el tema de guerrillas, donde existen diferentes grupos guerrilleros, sino que tenemos también paramilitares (nota: AUC – Autodefensas Unidas de Colombia), que, aunque supuestamente hubo una desmovilización, estos siguen generando problemas en algunas regiones en las que su presencia no se ha acabado.

Los colombianos debemos entender que la paz no es un asunto de los que están en La Habana negociando. La paz es un asunto de toda la sociedad y toda la sociedad tiene que estar comprometida con la construcción de la paz. Y, ¿cómo se hace? Se necesitan pequeños actos. No se le pide a la población que salga a publicitar el proceso de paz. En el día a día se tienen que ir generando acciones de paz, mostrar tolerancia con las personas, con las diferentes ideas. Precisamente, una de las causas del conflicto es la intolerancia a las ideologías de diferentes grupos. Entonces cuando yo empiezo a aceptar esas ideas, es decir cuando uno acepta que no solo unos deben tener la razón pero que otros pueden aportar también, poco a poco se va construyendo paz. Esto es complejo porque Colombia es un país que tiene más de 50 años de conflicto y cambiar la mentalidad a una visión de paz es difícil. Lo importante, eso si, es el compromiso diario. Estar allí presente para que este proceso sea una realidad.

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